Córdoba Entretenida

Voces de Córdoba, Rosa Bertino en el Día del Periodista

En el marco del Día del Periodista, celebrado en Argentina el 7 de junio, la Agencia Córdoba Cultura inaugura “Voces de Córdoba”, un nuevo segmento que busca destacar las trayectorias de referentes de la cultura y la comunicación cordobesa.

En esta primera edición, y con el sentido de una justa efeméride, el homenaje está destinado a Rosa Bertino, periodista, escritora, crítica y protagonista de una parte fundamental de la historia cultural cordobesa. En sus palabras, Rosa recorre su trayectoria con la misma lucidez, ironía y sensibilidad que marcaron su camino. Desde sus comienzos en La Voz del Interior hasta las anécdotas de redacción, entrevistas y personajes inolvidables, su relato también se convierte en memoria viva del periodismo cordobés.

“Voces de Córdoba” Busca poner el foco en los hombres y mujeres que hicieron de la palabra, el encuentro y la vocación de comunicar una forma de vida.

Rosa, Rosa, tan maravillosa…

Me gusta decir que soy la inspiradora del famoso tema de Sandro, un cantante definitivamente de otra época, al que sólo recuerdan los que tienen buena memoria o mucha nostalgia. Soñar no cuesta nada. Fuera de bromas, cuánto habremos discutido con María Rosa Grotti (la Negra Grotti, periodista y agente cultural tempranamente fallecida), cuál de las dos era la Rosa de Sandro. Le aseguraba que era yo, sin lugar a dudas, porque ella se llamaba María Rosa y no Rosa a secas, y además yo lo había tratado bastante, al “Gitano”, en los tiempos de Telemanías. Era un encanto de persona, Sandro de América, tan sencillo y bien plantado.

Pero comencemos por el principio. Me llamo Rosa Elena Bertino y nací en Santa Fe, un 22 de agosto de 1944, bajo el signo de Leo (con ascendiente en Leo). Soy madre de cuatro hijos y abuela de seis nietos. Sigo casada con el mismo hombre.En mi ciudad natal, primero egresé como Maestra Normal Nacional y luego como Profesora de Inglés. Amo la palabra escrita. Las traducciones inglés – castellano hicieron que, de a poco, empezara a escribir por mi cuenta. En resumen, al igual que muchos otros periodistas de edad avanzada, desde Nelson Castro hasta Miguel Clariá, provengo de una carrera humanista tal como lenguas, historia o filosofía. Obvio que ni se soñaba con una Escuela de Ciencias de la Comunicación (¿?), que apareció décadas después. Los signos de pregunta corren por mi cuenta porque hasta el día de hoy ignoro cuáles son dichas “ciencias”. Lo que sí sé, es que escritura es comunicación por excelencia y los egresados no saben redactar ni una gacetilla. Pero este es un mal generalizado en un mundo que sólo se comunica por tags o emojis.  

Y así fue como entré en La Voz del Interior porque el cine, que es mi otra vocación irrenunciable, me hizo amiga de Daniel Salzano, para quien traducía notas del New York Times. Daniel estaba a cargo de la Sección Espectáculos de La Voz, junto con el incomparable Víctor Staczyzyn.

Con Alejandra Conti, acreditada periodista de Internacionales, también ex La Voz del Interior

Al final, trabajé más de treinta años en La Voz. Empecé como colaboradora externa, primero, y redactora, después, hasta llegar a Jefa de Espectáculos. Desde ahí arriba tuve que desandar todo el trayecto. El camino de regreso a los duros suelos fue el que más me costó, incluso dolió, pero el que más me gustó porque me devolvió a la calle. Que definitivamente es lo mío. Fui redactora y columnista de Sociedad y Política hasta terminar como colaboradora externa de ambas secciones. Durante muchos años, hasta el momento preciso que me dijeron “Rosa, querida, es momento de jubilarte” (tenía setenta años), suscribí dos columnas semanales: Baldosa Floja (Vida Cotidiana) y Salsa Casera (Política). Por suerte me recuerdan bien. Digo, porque soy de andar mucho en colectivo, yendo al cine, al centro, al teatro.

Salvo algunas breves incursiones en radio y televisión, dentro de las cuales quiero destacar un programa semanal por Canal 10 con René Bacco y Sergio Carreras, me dediqué por completo al periodismo gráfico. Y hoy me encuentro en plena jubilación activa. De vez en cuando escribo, sobre todo cuando me lo piden.

La nuestra fue una profesión apasionante, porque la ejercimos en una época que había que salir a hacer las notas, las entrevistas, investigar por nuestra cuenta y riesgo. Imagínense, no existía Internet, celulares, nada, apenas el teléfono fijo. La verdad que ayudaba bastante el teléfono. Me acuerdo cuando estuve una hora charlando con Juan José Sebrelli, el filósofo porteño, una de las mejores entrevistas de mi dilatada trayectoria (aprendan a expresarse con propiedad). En su larga y prolífica existencia, La Voz supo tener suplementos muy leídos y consultados para los cuales yo escribía regularmente.

Rosa e hijos Julián, Elisa (izq) y Celina

Me resulta difícil abarcar todos mis recuerdos. Pero lo podría hacer, a medida que vuelven a la memoria… He conocido gente maravillosa

como don Víctor Manuel Infante, histórico director del Museo Tejeda; don Efraín Bischoff, quien me enseñó todo lo que hay que saber y mejor callar sobre la historia de Córdoba; el fallecido e irreemplazable cura Ribone, fundador del ComiPaz… Ay, será posible que no recuerde el nombre de la legendaria directora del Normal Alejandro Carbó, que a sus espaldas tenía el retrato de una de las maestras traídas por Sarmiento de Estados Unidos como símbolo de la educación pública, esa que integró a los argentinos en general y a la mujer en particular.

Si quieren, otro día les cuento anécdotas de los personajes que entrevisté, desde un seductorísimo Silvio Rodríguez hasta la inaguantable Moria Casán. Tiempo después la entrevisté a la archirrival de Moria, la injustamente olvidada Zulma Faiad, (a) la Lechuguita… Ambas eran las vedettes top de la noche porteña. Zulma había dicho que Moria era un “travesti de murga”. Moria la demandó. Haciendo justicia, la “Lechuguita” reconoció que cuando Moria ganó el juicio sólo exigió una desmentida pública en la avenida Corrientes, frente a no sé qué teatro, con mucha gente de testigo. Zulma no tuvo más remedio que plantarse y decir, a plena luz del día, “por la presente me desdigo y arrepiento de haber tratado a la señora Moria Casán de `travesti de murga´, cosa que la señora Casán evidentemente no es”. Había códigos, en aquella época.

Entre las amistades que la vida y la profesión me legaron destaco a los queridísimos y ya fallecidos Miguel “Cachoíto” De Lorenzi (dibujante, ilustrador) y Enrique Lacolla (periodista político). Gracias a Dios ahí las tengo, y bien que las cuido, a Cristina Bajo (escritora) y Cheté Cavagliatto (directora teatral). Hace ya cinco años se nos fue “Chichina” Ferreyra, que hasta su muerte cargó con el lastre de haber sido “la novia del Che Guevara”.

Cuando quieran, la seguimos. Muchas gracias por recordarme antes que me vaya a contar pavadas desde el Más Allá”. 

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